El problema de la procrastinación y el “mejor lo dejo para mañana”

Por Lucía Lorenzana / 2 Comentarios ».
Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Reconócelo, muchas veces has pensado eso mismo.

¿En cuántas ocasiones te has dejado llevar por una situación de comodidad o por la letárgica pereza?

¿Cuántas veces te has sentido abrumada por una gran cantidad de trabajo o, simplemente, cansado sólo de pensar la inmensa lista de cosas que tienes que hacer… y, finalmente acabas cayendo en la procrastinación y, decides dejarlo para mañana?

 

Pereza

 

En cierta medida, necesitamos organizar nuestro tiempo. Por ello, tenemos que repartir las tareas a realizar en nuestra vida diaria entre la cantidad de tiempo del que disponemos. No siempre podemos hacer todas las cosas que queremos hacer.

Y no siempre estamos lo suficientemente motivados para ello. Por eso, el tema que trataremos hoy es la procrastinación.

 

 

¿Qué es la procrastinación?

 

La procrastinación es el aplazamiento continuado de la realización de las actividades o tareas, es decir, es la postergación prolongada de obligaciones que debemos atender, sustituyéndolas por situaciones que nos resulten menos estresantes, más agradables y más interesantes.

Las tareas que se tienden a evitar o posponer se valoran, por el sujeto, como estresantes, abrumadoras, desagradables, aburridas, costosas.

Por ello, se sustituyen por otras que resulten más agradables mediante el uso de pretextos, como:

  • Mañana tendré más tiempo que hoy
  • Tengo tiempo de sobra para terminar esta tarea
  • Trabajo mejor bajo presión
  • Me gusta dejar las cosas para el último día
  • Hoy no me siento competente para realizar este trabajo
  • Mañana me pongo…

Podría incluir una larga lista de pretextos que, muchas veces, nos ponemos a nosotros mismos para desencadenar la evasión de la tarea que tenemos que realizar. Es una manera de evitar una situación que nos desagrada.

 

¿Es un problema la procrastinación?

 

El hábito de posponer las tareas puede suponer un problema cuando se convierte en disfuncional, es decir, cuando su alta frecuencia afecta, de manera notable, a nuestra vida cotidiana generando grandes niveles de ansiedad y estrés. Todos somos culpables de procrastinar, pero debemos poner atención cuando se convierte en un hábito continuo que afecta en nuestra vida diaria, a nuestro trabajo, a nuestro ocio y a todas las obligaciones que debemos realizar a lo largo de nuestra semana.

 

En un caso patológico, deberíamos analizar cuáles pueden ser las causas de este hábito. La procrastinación puede ser causada por un sentimiento de incompetencia, niveles alto de estrés, bajo autoestima, impaciencia y por un alto grado de saturación. En este último caso, deberíamos de jerarquizar nuestra prioridades y ser conscientes de que no siempre podemos abarcar todo aquello que queremos. En casos extremos podría afectar de manera física a nuestro cuerpo, provocando una serie de síntomas psicosomáticos.

 

¿Cómo podemos evitar dejar las cosas para mañana?

 

Para poder optimizar nuestros recursos y no caer en la procrastinación, deberíamos seguir algunas técnicas de autocontrol. Estas pequeñas claves nos ayudarán en nuestra vida diaria:

  • Planificar, planificar y planificar. Sí, no siempre podemos seguir a raja tabla nuestras planificaciones pero debemos esforzarnos por cumplir las tareas y no dejar las cosas para el último momento.
  • Coge un lápiz y un bolígrafo y apunta todas aquellas tareas que tienes que realizar, de manera jerárquica. Pon arriba de todo, en rojo, aquellas que son muy importantes y más abajo, en azul, aquellas que tienen menos importancia. Céntrate en ir cumpliendo tu lista de manera ordenada.
  • Estructura las tareas en pequeños pasos. No deberíamos marcarnos grandes objetivos para cumplir aquí y ahora, mejor márcate pequeños objetivos que te acerquen a tu meta principal. De esta manera, no sentirás tan agobiado ni tan saturada.
  • Acepta la frustración, no siempre podemos conseguir nuestros objetivos y no siempre las cosas son como creemos que deberían ser. Acepta el cambio de ruta como una práctica saludable.
  • Intenta no estar en entornos que propicien que cambies de una tarea a otra. No tengas a tu mano distracciones.
  • Y, por último, deja una tarea que te resulte agradable para después de aquella que detestas hacer. Date un premio, una alegría, después de tener que realizar una tarea que te disgusta. Date un buen baño relajante o ponte un capítulo de una serie que te guste. Mímate.

 

Y recuerda, como dice nuestro refranero popular, muy acertado en el tema de la procrastinación:

“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”

 

¡Hasta el próximo artículo!

 

Fuente de imagen: chö / Foter / CC BY-NC-SA


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