Motivación. ¿Sabes lo que haces o sólo pierdes el tiempo?

Lo bueno de la motivación, es que te da energía para seguir cuando parece que no tiene sentido hacerlo. El sentir ese deseo personal y esas ganas de ir adelante, a pesar de los contratiempos, es lo que convierte a la motivación en una de las mayores fuerzas que podemos usar en nuestro provecho. Y es que la voluntad mueve montañas, como suele decirse.

Quizá no literalmente, pero desde luego hay situaciones que pueden tener el mismo peso emocional que una montaña entera, y su peso puede llevarse mucho mejor si tu motivación está afilada y a plena potencia. De otro modo, sin motivación, el peso del mundo acabaría contigo y no desearías hacer nada durante mucho tiempo. Concretamente, hasta que tu motivación te hiciera sentir fuerte, y decidieras actuar.

gato, decidido, motivación

Está claro que sabe lo que quiere. Foto de flickr.com/photos/mobilestreetlife/

La motivación es energía focalizada en un objetivo, independientemente de que este sea grande o insignificante. Y como si de energía almacenada se tratase, tiene que recargarse en algún momento, estar permanentemente motivado desgasta física y mentalmente. Llega el momento en el que nuestra motivación desaparece y tenemos que encontrar la forma de que nuestros objetivos reciban ese impulso, esa energía que recibían, para que se hagan realidad.

 

¿Cómo saber si te has quedado sin motivación?

Por lo general, solemos saber cuando no tenemos motivación, todos nosotros sabemos cuando queremos hacer las cosas y cuando no. Suele existir una serie de comportamientos y diálogos que nos dan una pista de que estamos poco motivados en esos momentos. Recuerda que esto no es necesariamente malo, nadie puede dar el 100%, 24 horas al día y 365 días al año, el ser humano está adaptado a trabajar de forma cíclica, con periodos de más actividad y energía, y otros con descansos para recuperarnos antes de volver al camino.

Algunas expresiones que te servirán de pista para saber que tu cuerpo y mente quieren un descanso, ¡o alguien que conozcas!

 

  • No pueden molestarme en estos momentos (Sin ningún motivo real).
  • Es demasiado esfuerzo.
  • Hacer eso cansa demasiado.
  • Déjalo, no merece la pena.
  • A quién le importa.
  • Un día de estos me pongo a hacerlo.
  • Sí, ya sé que debo hacerlo, pero …

 

 

Reconoces haber dicho alguna de estas frases en algún momento que estabas desmotivado y sin ganas de hacer nada ¿verdad?

Ya hemos definido la motivación en ocasiones anteriores, así que vamos a obviar ese apartado si os parece bien y nos centramos en cómo recuperar parte de esa motivación perdida. ¿Preparados? Pues venga, empezamos.

 

 La motivación no es algo que encontrar de casualidad

 

El primer truco o consejo que compartir con vosotros sobre la motivación se trata más bien de un cambio de punto de vista. Lo habitual es hablar de la motivación como si fuera algo físico, un objeto o una cosa que puedes tocar y palpar con tus propias manos. La motivación no vas a encontrarla por casualidad en un momento determinado, no es algo con lo que puedas tropezar sino que, por lo general, vas a tener que salir tu a su encuentro. Sí, puedes tener suerte y que alguien te motive, o encuentres alguna película, historia, o lo que sea, que despierte de nuevo esa motivación aletargada. Pero quedarte esperando, es arriesgarte a que nadie venga. Acostúmbrate a no depender de los demás, y lo agradecerás.

Así que recuerda, la motivación no es “algo” con lo que vas a encontrarte de casualidad ni que puedas comprar en un supermercado.

Llegados a este punto, puede que te estés preguntando que si no es algo que te vas a encontrar de casualidad esperando, ¿cómo vamos a hacer para estar motivados por nuestra propia cuenta? Bien, bien, pues si eso te interesa, sigue leyendo porque de eso es justamente de lo que vamos a hablar hoy.

 

sin motivación, desgana

Falta de motivación. Imagen de flickr.com/photos/wentzelepsy/

Nosotros somos los responsables de estar motivados.

Sin volver a definir la motivación y acabar en un círculo vicioso cada vez que surja el tema, digamos sólo que es un conjunto de  recursos internos que ponemos en marcha nosotros mismos cuando necesitamos alcanzar un objetivo.

Fíjate bien en que he dicho que somos nosotros quienes internamente nos “activamos”, nos ponemos en movimiento. Aunque una persona te anime, al final eres tú quien decide qué es lo que tienes que hacer, y realizas los cambios internos necesarios para motivarte y empezar a moverte. Precisamente por esto mismo te decía unos párrafos más arriba que no es algo que te vayas a tropezar ni que nadie pueda meterte a la fuerza como si la motivación fueran unas pilas intercambiables. Una persona puede ayudarte a encontrar la motivación, te pueden motivar y ayudar a que tu mentalidad cambie y sea más probable que actúes. Esto nuestros lectores de Latinoamérica lo entenderán mejor por estar familiarizados con el término de Coach y coaching. Aquí tenéis un artículo muy hermoso que habla de eso mismo. Pero al final, es el individuo quien decide en última instancia si está motivado o no.

 

 

Las emociones son las responsables de la motivación

Independientemente de que nuestra motivación sea intrínseca, que nace dentro de nosotros mismos, o extrínseca si viene motivada por algún premio o compensación lo suficientemente importante para nosotros como para que por sí misma sea motivo suficiente para provocar cierto comportamiento, siempre existe un componente emocional.

Y es que al fin y al cabo, nos guste más o nos guste menos, no dejamos de ser seres muy emocionales, independientemente de lo racionalizadas y frías que sean algunas decisiones y determinados comportamientos. Siempre estarán vinculados y justificados con alguna emoción que refuerce dicha actividad. Y como es natural, en función de nuestro estado anímico, la motivación que sentimos estará en un estado similar. Es decir, si nuestras emociones son positivas y alegres, nuestra motivación será mayor y tendrá más fuerza que si nuestro estado emocional es apático y neutro, y mucho más todavía si lo que sentimos son emociones negativas que nos preocupen y agoten rápidamente. En éste último caso, la fuerza de nuestra motivación será muy pequeña, si es que todavía nos queda alguna.

Que nuestra motivación esté ligada a nuestras emociones puede ser tanto bueno como malo, ya que nunca podremos garantizar que estemos al 100%. Pero también nos permite recordar que aunque tengamos una temporada sin motivación ni ganas de hacer nada, ésta acabará pasando eventualmente, ya que cuando tengamos una etapa más estable emocionalmente estaremos más predispuestos a plantarle cara a los objetivos que habíamos dejado de lado en el pasado.

 

 

motivación, actitud positiva

Una actitud positiva lleva a una mejor motivación.

En artículos anteriores hablando sobre crear hábitos que nos beneficien, que existen dos formas de motivarse a algo. Queremos acercarnos a una meta que nos hará sentir mejor emocional o físicamente, o bien pretendemos alejarnos lo máximo posible de aquellas situaciones que nos provoquen dolor de cualquier forma.

Si bien la costumbre y la cultura tienden más a pretender influir a través del miedo y las sensaciones negativas al ser más “eficaces” en tanto que los resultados son visibles más rápidamente al querer alejarnos cuanto antes de lo que nos daña, lo más positivo para nosotros, es encontrar aquellas cosas que hagan que nosotros mismos queramos alcanzarlas. Es decir, los refuerzos positivos, las cosas que nos hacen ser más felices si estamos acercándonos a ellas, a largo plazo resultan una motivación mucho más fuerte y positiva para nuestra autoestima que otra con la que busquemos escapar. Ambas formas de motivación son igual de válidas, sirven para llamar a la acción, pero personalmente prefiero centrarme en aquellas que son positivas para que la autoestima sea siempre lo más alta posible.

Después de todo, si piensas constantemente en evitar algo, acabarás sintiéndote inseguro. ¿No crees?

Vamos a poner algunos ejemplos de esta diferencia de enfoque en lo que a motivación se refiere, indicando en cada caso si estamos “acercándonos” o “alejándonos” de algo.

 

Cada mañana salgo de la cama …

  1. Porque tengo que hacer… (casi por obligación)
  2. Porque quiero empezar el día haciendo …(acercarse a algo)

Si hay una quedada en grupo para ir a una fiesta o una reunión voy…

  1. Porque me gusta conocer gente nueva o estar con más personas (hacia algo)
  2. Porque sino voy alguien puede molestarse y no quiero ser antipático (alejarse de una situación incómoda que puede producirse por no ir).

 

Me tomo los medicamentos que me han recetado…

  1. Porque así mi salud mejora y me siento mejor (me acerco a algo positivo).
  2. Porque sino los tomo mi salud empeorará y enfermaré más (quiero alejarme de estar peor).

 

Como puedes apreciar, una misma acción realizada por dos personas distintas puede tener una motivación completamente diferente con resultados similares. En estos ejemplos, la acción que se hace es la misma, pero con motivaciones completamente diferentes. ¿Eres capaz de ver cual de los enfoques es el  positivo y el “negativo”?

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  1. Alejandro Riveros

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