El problema frecuente del establecimiento de metas

Uno de los problemas que pueden hacer fracasar el establecimiento de metas que hemos hecho es la dificultad de romper con los hábitos viejos. Tus viejas rutinas son un desafío constante que van a frenarte una vez que estés a mitad de camino.

El principal problema del establecimiento de metas es que se queda en eso, en un objetivo a largo plazo, en un plan trazado que luego no recordamos y queda olvidado. Para que esto no suceda necesitamos cambiar nuestras rutinas y sustituirlas por otras nuevas que den lugar a un cambio permanente.

Empezar a seguir paso a paso el establecimiento de metas que has hecho es fácil, lo normal es que cuando inicias algo estás motivado, te esfuerzas mucho y deseas ver resultado a tus esfuerzos. Pero todo tiene su propio ritmo y por lo general vas a necesitar paciencia para ver los resultados.

Un ejemplo de cómo caemos en este fallo de establecimiento de metas

Pongamos un ejemplo de cómo puedes encontrarte inmerso en este problema sin quizá haberte dado cuenta. Seguro que te ha pasado alguna ocasión, igual que a mi, y todos los demás.

Si quieres bajar de peso lo normal es que quieras resultados rápidos al esfuerzo de salir a correr todos los días y a hacer dieta pero tu cuerpo tiene su ritmo. Salir a correr todos los días puede hacer que bajes de peso, pero en cuanto dejes de hacerlo y abandones la dieta porque ya has logrado tu meta, perderás lo que has logrado. Esto sucede porque te has quedado en el establecimiento de metas a corto plazo.

Has empezado bien y has visto los resultados, a raíz de ello es posible que empieces a despreocuparte y a volver a las viejas costumbres. Es decir, a la vida sedentaria y a la comida que te hacía ganar peso lentamente.

¿Ves a donde quiero llegar? El establecimiento de metas es el inicio solo, necesitas causar un cambio real en tu rutina diaria para que interiorices las nuevas costumbres y el cambio sea permanente. Podrás acercarte eventualmente a tu meta de este modo y te asegurarás que no se te escapa de nuevo en cuanto te despistes.

Como en casi todo, no es una cuestión de velocidad, sino de resistencia.

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