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El eterno dilema ¿Por qué es considerada la psicología una ciencia?

Si has llegado aquí buscando saber el motivo de por que es la psicología una ciencia, te has hecho la misma pregunta que muchos de los que hemos estudiado en algún momento de nuestras vidas algo de la carrera de psicología. Lo cierto es que existe un gran dilema al respecto de porque la psicología es una ciencia, o si realmente lo es.
Me gustaría escuchar tu opinión al respecto, después de todo es un tema que sigue abierto a debate.

Antes de meternos de lleno en el debate y los motivos que llevan a pensar que es la psicología en sí misma y si merece ser considerada una ciencia, o una pseudociencia.

¿Qué es la psicología? Su historia hacia la ciencia

La historia de psicología se remonta a los filósofos griegos. En sus orígenes esta llamada ciencia fue una rama de la filosofía. En aquellos momentos de su nacimiento, la psicología no se podía considerar una ciencia ya que todas las teorías de la época no se basan en experimentos científicos, toda la investigación se realizaba en suposiciones y teorías que no se llegaban a poner en práctica siguiendo el método científico. Por lo que en sus inicios la psicología no era una ciencia.

Con la llegada del siglo XIX surge la neurociencia, dándole por fin en un enfoque experimental para el estudio del sistema nervioso. Se descubre la existencia de las neuronas y a partir de ahí se inicia un proceso de estudio que lleva hacia la pregunta inicial de porqué la psicología es una ciencia actualmente. Por aquel entonces, a pesar de iniciarse la neurociencia y el estudio de las mismas, seguía sin haber unos resultados fiables y replicables, exigidos por el método científico.

En el siglo XX, aparecen dos corrientes que rompen con todo lo anterior: el psicoanálisis y la psicología conductivista.

Corrientes psicológicas científicas y pseudocientíficas

Psicoanálisis: Consistía en una exploración del inconsciente utilizando como método principal de trabajo el diálogo con el paciente. Dentro de este campo, un psicoanalista trata de estudiar la historia de cada paciente por separado con el objetivo final de identificar las causas de sus problemas. El tratamiento individual y específico que se daba para cada paciente, hacía que aún intentando darle un enfoque experimental, los experimentos llevados a cabo dentro de dicho campo. Es el psicoanálisis se basa así no en enfoque experimental con experimentos reproducibles.

Psicología del conductismo: El estudio de la conducta basada siempre bajo un enfoque experimental fue el inicio de cómo se convirtió la psicología en ciencia. Sin un conocimiento anterior, se pensaba en el cerebro como una especie de caja que reaccionaba en función de los estímulos que recibiera. Debido a esto, se buscó conocer y predecir el comportamiento humano basado en experimentos replicables y bajo circunstancias controladas. Ese fue el origen de la psicología como ciencia. Pavlov es el gran ejemplo de psicología conductista.

Polémica con la rama de la psicología. ¿Ciencia o pseudociencia?

La psicología es considerada una ciencia porque se basa en el método científico a la hora de realizar sus experimentos y sacar conclusiones de ellos. Con esto en mente, hay que considerar también las diferentes vertientes que tiene como la psicología social, el psicoanálisis, o las terapias conductivistas.
Mientras que por un lado los experimentos conductivistas pueden ser más fácilmente catalogados como ciencia dado que se basa en un estímulo-respuesta replicable por terceros como exige la ciencia para darle validez a los datos, terapias de asertividad por ejemplo o psicoanálisis son muy difícilmente replicables. En este último caso el carácter de pseudociencia es más adecuado ya que, si bien intenta acercarse lo máximo posible al método de estudio científico, no puede hacerlo completamente. Y aunque no guste a algunos esa idea, sino se cumplen todas las premisas para replicar un experimento y controlar las variables que puedan afectarle, no puede considerarse como algo científico realmente.
Un experimento SIEMPRE debe ser imitable por terceros y obtener de forma clara los mismos resultados. De ahí que el conductismo sí encaje y pueda decirse porque la psicología es una ciencia. Y al mismo tiempo si se toma como referencia el psicoanálisis, tendría el carácter de pseudociencia.

¿Importa que la psicología sea una pseudociencia de darse el caso?

Lo cierto es que dado el desconocimiento que tenemos sobre la mente, muy difícilmente puede darse alguna teoría replicable al 100% con lo que sabemos hoy en día. Lo que no quita en absoluto que los experimentos realizados, den resultados muy útiles para nuestro día a día y que ayudan a los psicólogos a tratar diferentes problemas dentro de sus respectivos campos.

A pesar de estar dentro de un entorno con grandes limitaciones, las aproximaciones que se han obtenido con los experimentos y los estudios realizados, han permitido también ampliar el conocimiento de nosotros mismos en términos generales aunque existan discrepancias que anulan su carácter científico. A fin de cuentas, a pesar de ello, mejora la calidad de vida de aquellas personas tratadas y que buscan ayuda.

Aún no siendo una ciencia con todas las letras, intenta aproximarse lo máximo posible al método científico y siempre respaldar en la medida de lo posible los resultados obtenidos en sus experimentos y poder respaldar con datos las teorías que estén en auge en esa época.

En conclusión, la psicología moderna es una ciencia pero ello no implica necesariamente que absolutamente todos los psicólogos sean en la práctica científicos. Algo a tener en cuenta. En el caso de la ciencia en la psicología a diferencia de otras ciencias, las teorías demostradas actualmente pueden dejar de serlo bajo la luz de nuevos descubrimientos. No hay unas leyes fijas que siempre se cumplan como en el caso de la física por ejemplo.

Olvidar el pasado

Este artículo sobre cómo olvidar el pasado posible que salga algo diferente a los demás, en parte, porque estaré pensando en una persona en concreto mientras lo escriba, y quizá me desvíe de la neutralidad que suelo intentar transmitir en los artículos que se publican. Doy por sentado, que no os molestará si en algún momento queda más personal de lo frecuente, de todas maneras, el tema os seguirá gustando ;).

Bien, dicho esto y antes de continuar, mencionar a quienes no lo halláis visto en Facebook (tiene la costumbre de avisar de las publicaciones únicamente a un porcentaje de la comunidad de Facebook, que podéis echarle un vistazo a este material contra la ansiedad que está enlazado al final del artículo mencionado.

De acuerdo, pues ahora sí, ¡comencemos!

¿Porqué olvidar el pasado, o liberarnos del mismo?

Del miedo, las fobias y los traumas ya hemos hablado en más de una ocasión y de cómo nos ayuda. Tanto el miedo como el dolor ya hemos dicho que sirven para protegernos, nos buscan alejar de aquellas situaciones potencialmente peligrosas, su objetivo es que estemos a salvo aunque para ello nos lo tengan que hacer pasar mal y hacernos sentir sensaciones desagradables a fin de lograr su meta.

Y es por ese motivo por el que nos cuesta tanto liberarnos del pasado, por lo que se nos incrusta tan dentro que en ocasiones somos nosotros mismos quienes en el fondo nos asusta olvidar el pasado. Porque después de todo, sabemos que el pasado ya no nos puede hacer más daño y sabemos cómo reaccionar ante él. En cambio el futuro es diferente e instintivamente nos resulta imponente y despierta en nuestro interior cierto miedo. Y es que cuando conseguimos empezar a olvidar el pasado, o mejor dicho, a dejarlo atrás para seguir avanzando en nuestra vida, nos damos cuenta de lo “vacío”, de lo abierto, y desconocido que es el futuro.

Si dejamos atrás nuestro pasado, lo único que nos queda es el presente y la aterradora incertidumbre de si estaremos escogiendo bien por nuestra cuenta. Y por lo general, siempre se escoge bien. En realidad, es difícil escoger mal si aprendemos de nuestro pasado. Su dolor y sus recuerdos nos permiten saber qué queremos y qué no queremos en nuestra vida. La clase de gente de la que rodearnos, y de cual alejarnos.

Una vez que se supera ese miedo que se tiene naturalmente a lo desconocido a medida que pasa el tiempo y eres consciente de que todo está bien, es cuando empezará a dejarse atrás el pasado.

Personalmente considero que lo más importante para dejar atrás el pasado es el darse cuenta que aunque metas la pata, te equivoques o pierdas algo importante, todo sigue adelante. El mundo no se acaba aunque tengas una mala temporada sino que al final, tarde más o tarde menos, encuentras la manera de hacer que las cosas funcionen a tu manera.

No te avergüences de tu pasado

Esto es algo que a todos nos ha pasado en algún momento, siempre hay que queremos olvidar porque nos avergüence que haya pasado. Una metedura de pata, un accidente bienintencionado, un trabajo fijo que debiste haber cogido y lo dejaste pasar…etcétera. Es más, esto último sin ir más lejos me ha pasado a mi, entre otras cosas.

Y es que al fin y al cabo no importa tanto como en nuestro interior pensamos, al menos sino nos causa problemas con algo que todavía tengamos que lidiar. Si te has dado un golpe con el coche y tienes que pagar el arreglo, no te puedes ir tranquilamente diciendo que está en el pasado, hay que hacerse responsable de lo que se hace por supuesto.

El pasado no tiene peso sobre nosotros sino se lo permitimos, el pasado no se puede cambiar. Es estático. Y esto es algo que podemos aprovechar en realidad.

Si te das cuenta de que todo lo que sucede tiene una lección, una moraleja, entonces el pasado se hará más llevadero. No podrás cambiarlo, claro, pero gracias a todo lo que has vivido serás capaz de reconocer al instante cuando quieres que alguien esté en tu vida o alejarte de las personas que consideres tóxicas y perjudiciales para ti.

El pasado no es nada de lo que avergonzarse, ni dejar que nadie te avergüence por ello. Es muy fácil criticar las cosas mirándolas desde fuera, y más todavía una vez que han pasado.

Después de todo, ¿quién no ha pensado nunca en alguna contestación después de una discusión que nos habría hecho ganarla o al menos sentirnos mucho mejor? Así es muy fácil, pero las decisiones no se toman desde el futuro, las tomas en el momento en el que suceden, y en ese momento, no es tan fácil saber cuál es la decisión correcta.

Hay muchos miedos que pueden atenazar a una persona a la hora de decidir algo importante, nuestra mente se bloquea sino sabe qué decisión es la mejor. Es lógico, a todo el mundo le pasa aunque no todos quieran reconocerlo.

Y si por casualidad algún lector suele juzgar a alguien por su pasado, hay un ejercicio que ayuda a ver las cosas desde una perspectiva mucho más neutral. Es el conocido refrán que dice que no juzgues a alguien antes de andar un kilómetro en sus zapatos. Llevado al vocabulario normal, piensa que tú, si hubieras vivido su vida, y tenidos todas sus experiencias hasta ese momento, muy posiblemente, hubieras reaccionado igual antes cualquier situación.

Al fin y al cabo, gran parte de nuestras reacciones son condicionadas por el entorno en el que hemos crecido, y las experiencias que hemos vivido han formado parte del carácter que conforma nuestra personalidad actual. Es una reflexión, que a mi, otrora, me sirvió a no juzgar.

¿Porqué nos cuesta olvidar el pasado?

En parte ya lo hemos mencionado, olvidar el pasado nos cuesta porque lo recordamos como una parte real de nosotros. Cuando estamos en el proceso de olvidar el pasado, o al menos sus cosas negativas, inconscientemente nos cuesta dejarlo atrás porque nos da la sensación de que nos estamos negando a nosotros mismos. Que estamos dejando de ser quienes éramos.

“Yo he vivido eso en el pasado, y si lo dejo atrás entonces será como si todo ese sufrimiento que he tenido no fuera real. Y no es cierto, yo he sufrido.”

Ese puede ser parte de nuestra lucha, una de las frases que internamente están ahí presentes, y por lo que nos cuesta olvidar el pasado. Pero esto es sólo hasta que nos damos cuenta que no todo es blanco o negro, y que dejar atrás las cosas dolorosas del pasado no significa negar que sucedieran. Lo único que implica olvidar el pasado (aunque no debería decirse olvidar el pasado, sino dejarlo atrás donde debe estar) es que estás dispuesto o dispuesta a permitir que te sucedan cosas mejores en tu futuro. No es cuestión de borrar el pasado, sino de aprender de él, aprovecharlo, y hacer que tu futuro sea más esperanzador.

Los heurísticos o atajos mentales: Heurístico de disponibilidad

El siguiente de los heurísticos o atajos mentales de los que vamos a hablar es el heurístico de disponibilidad. Este atajo mental resulta bastante intuitivo como podréis observar a continuación.

¿En qué consiste el heurístico de disponibilidad?

Como ya hemos mencionado en nuestro artículo anterior ‘Los heurísticos o atajos mentales: Heurístico de representatividad‘ , la función que tienen los heurísticos es ayudarnos a llegar a conclusiones relativamente correctas sin complicarnos la existencia dedicándoles más tiempo y esfuerzo del necesario para escoger qué pensar al respecto. Lo cual habíamos comentado ya, provocaba que nuestras opiniones no fueran siempre correctas.

En el caso del heurístico de representatividad, nuestra mente busca el atajo con el que llegar a la respuesta que necesita a través de los ejemplos que tiene en su entorno más cercano. Es decir, nos fijamos en el circulo en el que solemos movernos de personas y situaciones para determinar nuestra decisión de forma rápida y quizá incorrecta (o por lo menos correcta parcialmente).

Primer ejemplo del heurístico de disponibilidad

Seguramente que después de leer este ejemplo se te ocurrirá alguna situación en la cual has recurrido a este heurístico para tomar alguna decisión automáticamente sin pararte a pensar excesivamente en ello.

Pongamos un par de ejemplos sobre las situaciones en las que solemos utilizar este heurístico de disponibilidad o atajo en la toma de decisiones. Supongamos que en mitad de una conversación tienes que responder si crees que el número de parejas jóvenes que llevan muchos años de pareja se ha reducido y ahora las parejas duran mucho menos.

Para responder a esto normalmente recurriras al uso del heurístico de disponibilidad. Pensarás en los casos que conoces tú de personas que tengan una edad aproximada a la tuya y la de algunas personas que tengan unos cuantos años menos y tomarás esos casos que están en tu entorno para decidir si hay más parejas estables en la gente que tiene menos años que tu, si parece que duran menos, o si no ha cambiado demasiado.

Segundo ejemplo del heurístico de disponibilidad

Otro ejemplo de un caso en el que recurrimos al heurístico de disponibilidad puede ser por ejemplo la búsqueda de empleo, si alrededor tuya hay gente que trabaja y ha conseguido encontrar trabajos nuevos si les han despedido, entonces estarás más predispuesto/a a pensar que aunque sea más difícil que antes, se puede encontrar un trabajo con relativa facilidad.

Si en cambio, conoces a más gente que está buscando sin éxito, es más probable que en principio puedas llegar a pensar que es una tarea titánica conseguirlo en la situación actual.

Tanto en un lado de la balanza como en el otro, el heurístico de disponibilidad cae en el mismo fallo de “suponer” que lo más habitual en nuestro entorno es lo natural y que puede aplicarse al resto de situaciones.

Cuando acaba una etapa y comienza otra: cómo reflexionar acerca de nuestras dudas

En primer lugar me gustaría agradecer a todos los seguidores y seguidoras que nos leen y contactan a través de las redes sociales. Es un placer escribir y saber que hay gente que nos lee y les puede servir nuestros conocimientos. También os animo a que nos planteís temas, dudas, reflexiones y todo aquello que queraís.

Dicho todo esto, hoy me gustaría reflexionar y contagiaros de estos pensamientos: ¿cómo afrontar cuando se acaba una etapa y comienza una nueva? ¿cómo podemos manejar todas las dudas que nos surgen? ¿Si tomamos una elección y nos equivocamos, podemos cambiar de opinión?

En cuántas ocasiones hemos sentido esta sensación, (¿qué hago yo ahora?¿qué decido en este momento?), es muy normal sentirse así. Las personas nos acostumbramos a rutinas y costumbres que parecen no tener nunca fecha de caducidad, pero cuando se cierra una etapa siempre nos surgen cuestiones que no sabemos bien como afrontar, en estos momentos nos pueden entrar miedos o dudas acerca de qué elección es la más correcta.

Hay momentos de nuestras vidas que son sorprendidos por un cambio: el fallecimiento de un ser querido, un ascenso, un despido, el nacimiento de un hija/o, acabar tus estudios, encontrar un nuevo trabajo. Somos seres humanos y nuestra vida se desenvuelve entre “etapas estáticas” y “etapas dinámicas”. Durante un tiempo vivimos inmersos e inmersas en la rutina y, de repente, se puede producir un cambio que puede desestructurar todos nuestros esquemas: la vida es un cambio constante, un aprendizaje constante. Pero sé consciente de todas las anteriores etapas, todas y cada una de ellas te han servido para crecer, para conocerte mejor y aprender a vivir.

A la hora de reflexionar sobre tus decisiones

  • Aprende a diferenciar lo importante de lo urgente. Sí, ya sé que está frase está muy escuchada, pero no le falta razón. Es muy importante que aprendas a diferenciar las cosas que requieren de una decisión en un corto plazo, y las decisiones que pueden ser más importantes pero menos urgentes.
  • Tómate tu tiempo, nadie tiene que decidir por ti.
  • Las personas que queremos, nuestra familia, nuestras amistades nos pueden aconsejar, pero nadie como tú mismo/a para saber hacia dónde quieres encaminar tu vida, tus pasos…
  • Sé realista: buscar tu verdadero camino no tiene que ser incompatible con pensar de manera cuidados acerca de todas las opciones que puedes elegir.
  • Sé feliz: recuerda que muy pocas ocasiones merecen la pena la tristeza, aprovecha cada instante para disfrutar de todo aquello que te rodea, tú eres lo más importante.

¿Y los errores? ¿Y si me equivoco?

No te preocupes si alguna elección no fue la correcta. Todas y todos tenemos derecho a equivocarnos:”errare humanum est“.

Muchas veces la urgencia de las situaciones nos obligan a tomar decisiones poco correctas, o las circunstancias cambian a lo largo del tiempo. No te preocupes, forma parte de tu aprendizaje. Si elijes un trabajo equivocado, siempre tendrás opción de buscar un nuevo. Si elijes una pareja incompatible, siempre podrás finalizar la relación y aprender. En eso consiste: aprender.

¡Sed felices y muchos saludos!

La rumiación de los pensamientos: cuando no podemos dejar de pensar…

¿Cuántas veces te ha pasado que tras una discusión no dejas de pensar en las palabras que dijiste, en aquellas palabras que te dijeron… y no dejas de darle vueltas… y vueltas… y vueltas…? ¿Le das muchas vueltas a las cosas que te pasan en el día a día? ¿Sientes que no puedes parar el pensamiento? Hoy hablaremos de la rumiación, un fenómeno muy complejo que se ha ido convirtiendo en algo más habitual de lo que pensamos.

¿Qué son las rumiaciones?

Las rumiaciones son pensamientos nocivos que no dejan de rondar por nuestras cabezas, es decir, se aparecen una y otra vez dando lugar a un sentimiento de frustración. Las personas que tienen rumiaciones siente a la vez la necesidad de pensar sobre dicho suceso y, a la par, la necesidad de dejar de hacerlo: se produce una lucha entre nuestros deseos de hacerlo y las ganas que tenemos de descansar nuestros pensamientos.

Las rumiaciones se puede producir por muchos desencadenantes: una discusión con algún familiar lejano, una equivocación en el trabajo, un examen que no sabemos cómo nos ha salido, un pequeño contratiempo… en definitiva es un suceso que quizá no hemos sabido procesar y por ello se mantiene en nuestros pensamientos.

En el día a día, estamos inmersas e inmersos en multitud de acontecimientos o circunstancias y debemos procesar cada una de ellas, si no queremos caer en el estrés de intentar abarcar todas y en las rumiaciones.

Al no poder dar sentido a estas experiencias surgen las rumiaciones que desencadenan sentimientos de estrésfrustración, tristeza y apatía entre las personas que lo sufren.

¿Cómo podemos evitar las rumiaciones?

Pensar es muy positivo pero se transforma en algo negativo cuando la mente se queda dando vueltas a los mismos pensamientos, una y otra vez, sin llegar a ningún tipo de conclusión. El resultado es muy agotador para la persona que no deja de rumiar, la persona acaba cansada y con sentimiento de “abotamiento mental“.  Las rumiaciones pueden, incluso, llegar a distorsionar la percepción real de los acontecimientos que nos acaecen.

Para poder librarnos de este nocivo hábito debemos ser conscientes de que nosotros y nosotras mismas somos dueñas y amos de nuestros pensamientos, pero esto no significa que nuestros pensamientos sean siempre acertados. A veces, nos equivocamos o nuestros pensamientos están equivocados o distorsionados.

Lo primero es ser observadores de nuestro propio cuerpo, convertirnos en minuciosos observadores y preguntarnos: ¿es real este pensamiento? ¿me aporta algo productivo este pensamiento? ¿realmente darle vueltas me ayuda en algo?

Si no te ayudan en nada, mándalos a una esquina y deja de pensar en ellos. Puedes incluso decir en voz alta: ¡ALTO! o pensar en esa palabra y en el resto de pensamientos evadiéndose, haciéndose cada vez más pequeñitos y lejanos. Dejando de tener valor. Dejando de atormentarte.

Algunos consejos prácticos para tener en cuenta…

  • Recuerda que las rumiaciones no son tu aliado, son tu enemigo. No debes dejar vencerte por ellas.
  • La práctica de la relajación te ayudará a poder abstraer tu mente.
  • La meditación también te será muy útil (meditación).
  • Piensa en el presente, debemos relativizar los problemas cotidianos.
  • Si tienes algo que hacer, y no dejas de darle vueltas… apúntale en una agenda o un post-it y piensa que al escribirlo te deshaces de todos los pensamientos negativos.
  • Confía en tí mismo y en tí misma, ¡puedes ser el dueño/a de tus pensamientos!

Espero que os haya sido útil, si teneís alguna pregunta o sugerencia no dudeís en dejar un comentario.

Un afectuoso abrazo

La imitación humana, el comportamiento espejo.

Los seres humanos y el resto de animales llevamos en la sangre la imitación. Imitamos aquel comportamiento que vemos en aquellos que consideramos nuestros iguales, nos adaptamos al grupo mediante la imitación del resto de miembros. Nos dedicamos a reflejar nuestro entorno para adaptarnos al mismo y no desmarcarnos más de lo necesario.

¿Por qué tendemos a la imitación?

La imitación está relacionada tanto en los seres humanos como en general de cualquier ser vivo con el comportamiento social y el instinto de supervivencia.

La supervivencia se veía reforzada con el uso de la imitación. Si un individuo adulto había conseguido sobrevivir hasta desarrollarse completamente es que sabía cómo mantenerse a salvo de los depredadores.

Por lo tanto, si se sigue su ejemplo lo lógico sería pensar que aquellos que decidieran repetir sus pasos se beneficiarían de su experiencia y eso ayudaría a prolongar la supervivencia de aquellos miembros de la especie que aprendieran rápidamente a adaptarse a imitar o reflejar el comportamiento del miembro adulto.

El motivo social de la imitación es que ésta ayuda a que exista una mayor integridad dentro del grupo. Aprendemos viendo cómo se hacen las cosas, y también a relacionarnos con los demás de la misma forma. Imitar el comportamiento que vemos del resto de los miembros adultos ayuda a la aceptación del individuo al cumplir los valores tradicionales ya establecidos dentro del grupo.

Algunos ejemplos de imitación social

Existen gestos que imitamos socialmente sin darnos cuenta buscando crear un vínculo de confianza o de grupo. Por ejemplo, socialmente el gesto del brindis busca hacer socialmente iguales a todos sus miembros compartiendo, usualmente, la misma bebida al mismo tiempo.

Otro gesto de imitación con base social es el gesto que todos conocemos y hemos hecho muchas veces. El bostezo. Ver a alguien bostezar hace que casi automáticamente y casi siempre sientas la necesidad de bostezar tu también aunque solo sea tener la tentación de bostezar. Es más, mientras escribo esto, acabo de bostezar sin poder evitarlo. Es posible que ahora mismo tú también estés sintiendo esa necesidad.

Si bien bostezar tiene ese matiz social de imitación, también sirve para oxigenar el cuerpo. Aunque una vez visto, pueda causar este efecto en el resto del grupo.

Los heurísticos o atajos mentales: Heurístico de representatividad

Una vez explicado ,en una entrada anterior, qué son los heurísticos o atajos mentales que utilizamos para interactuar con el mundo, vamos a profundizar más en algunos de los heurísticos más habituales de usar y algún ejemplo que ayude a visualizar mejor la explicación usando escenas relativamente frecuentes para la mayoría. Existe una gran multitud de heurísticos, tantos como trucos puedas imaginarte para simplificar las decisiones que tengamos que tomar en nuestro día a día. Lógicamente vamos a centrarnos primero en los que aunque quizá no siempre sean importantes, sí que merece la pena dedicarles tiempo puesto que son heurísticos MUY utilizados por todos de forma constante.

En que consiste el heurístico de representatividad

El heurístico de representatividad es el responsable de que hagamos una evaluación rápida de una persona o un objeto basándonos en una cantidad de información bastante baja. Una información insuficiente y parcial con la cual no podemos tener una idea realista y clara de las cosas, pero que dado que nuestro cerebro necesita llegar a una conclusión rápida para despejar las dudas que se generen, intentamos deducir cual es la respuesta más razonable posible.

Ejemplos cotidianos en los que usamos el heurístico de representatividad

Un ejemplo que suele ponerse frecuentemente al hablar sobre este tipo de atajos mentales son los precios y la calidad de los productos. Me explico: Normalmente asociamos por costumbre que si un producto tiene un precio muy elevado es porque su calidad es excepcionalmente buena y su precio refleja eso y no la busqueda de beneficios extra.

Es cierto que en principio, los productos más caros tienden a tener una calidad o un servicio postventa mejor pero a priori o simple vista, no podemos saberlo con únicamente ver su precio. Una televisión de 150 euros o dólares puede tener la misma calidad de imagen y prestaciones que otra con un precio de 500 de otra marca.

También aplicamos este mismo criterio del heurístico cuando conocemos a una persona nueva y usamos los estereotipos como base sobre la que apoyar nuestra primera impresión. Algunos de los estereotipos que pueden usarse como “base” son el ser hombre o mujer, el color de piel, el estilo de ropa usado o país de origen o religión por poner algunos ejemplos.

Una consideración sobre los heurísticos

Recuerda que cuando hablamos de heurísticos o atajos mentales como el heurístico de representatividad estamos basándonos en la teoría del tacaño cognitivo y tu mente busca gastar la menor cantidad de recursos posibles para darte una respuesta válida aunque no sea la mejor respuesta ni la real.

El cerebro está diseñado para que logres sobrevivir, no para escoger la opción más lógica ni fiel a la realidad. Estos heurísticos o atajos mentales distan mucho de ser perfectos por el mismo motivo por el que existen. Dar una solución viable y rápida. El tiempo en el que se recibe el estímulo, se evalúa, y se toma una respuesta basada en un heurístico es muy breve.

 

El autoconcepto y la autoestima

¿Es lo mismo autoconcepto que autoestima?

Conocer la diferencia entre el autoconcepto y la autoestima es importante. A lo largo de nuestra vida, en muchas ocasiones, nos podemos sentir muy a gusto con nosotras y nosotros mismos; y en otras ocasiones en cambio podemos sentirnos algo más decaídos y decaídas.

Unos días podríamos comernos el mundo y otros, al contrario, podemos sentir como nos pesan demasiado las circunstancias que nos rodean. Hay días y días.

Pero lo normal es que nuestro ánimo no fluctúe entre estos dos extremos: nuestro ánimo suele ser consistente, aunque existen variables que pueden modificarlo. Por ello, hoy explicaré qué es el autoconcepto y la autoestima. Dicho esto, vamos a ver cual es la diferencia entre esos dos conceptos que se confunden con mucha facilidad.

El autoconcepto

El autoconcepto es lo que yo soy, es decir, las características que conciben mi ser: mi personalidad, mi forma de ver la vida, mis características personales. Es decir, el autoconcepto tiene un valor descriptivo. Para algunos autores el autoconcepto consiste en el conjunto de opinioneshipótesis e ideas que individuo tiene sobre sí mismo.

Según Burns, el autoconcepto sería, en término actitudinales, el componente cognitivo. Es decir, el componente cognitivo es el conjunto de percepcionesideas u opiniones que el individuo tiene de sí mismo; independientemente de que seas falsas o verdaderas, objetivas o subjetivas, y estas opiniones le permiten describirse a sí mismo.

Si al pensar en nuestro autoconcepto nos sentimos a gusto, tendemos a ser más optimistas y enérgicos.

Si, por el contrario, sentimos que no estamos a gusto, tenderemos a sentirnos más negativos y apáticos.

La autoestima

A la autoestima, por el contrario, le atribuímos un significado valorativo. Es aquello que pensamos y sentimos del conjunto de características que poseemos. La autoestima consiste en las actitudes que el individuo tiene hacia sí mismo, es decir, recreamos una imagen de nosotras y nosotros mismos. Es un juicio sobre  nuestra propia competencia y valía personal.

Según Burns, la autoestima sería, en términos actitudinales, el componente emocional y evaluativo. Son aquellos sentimientos favorables o desfavorables que sentimos según sea la valoración sobre nuestras características personales.

Dentro de nuestra actitud, es el elemento clave. La percepción de nuestra autoestima dependerá de nuestro concepto del yo ideal y del yo real, por ello, es importante ser realistas y aprender a cambiar aquellos pequeños detalles que no nos gustan.

La autoestima y el autoconcepto

Algunas de las características del autoconcepto y la autoestima son:

  • Es un conjunto de percepciones que se extraen de las experiencias que la persona tiene en sus diferentes ámbitos.
  • Tiende a ser consistente en el tiempo, estable, pero esto no significa que no sea modificable. Siempre estamos a tiempo de acabar.
  • Es jerárquica, las distintas características se gradúan.
  • Es multidimensional.
  • Es un sistema organizado.

La autoimagen consecuencia de ambos conceptos

Para finalizar y no alargar mucho este texto (considero que los artículos de ideas como estas pueden ser muy confusos si se alargan demasiado y lían má que aclaran),  queda la idea de la autoimagen que está relacionada también con el AUTOCONCEPTO y la AUTOESTIMA. La autoimagen es una representación que hacemos de nosotros mismos o mismas normalmente muy sólida y que es difícil de modificar. Esto se debe a que la autoimagen se ve reforzada por experiencias vividas junto con los juicios de valor realizados por los demás.

La AUTOIMAGEN es cómo consideramos que nos ven los demás. Es decir, la autoimagen se ve afectada por ideas externas a nosotros mismos con más facilidad que el autoconcepto y la autoestima. Éstas también se pueden ver afectadas por opiniones externas, pero con menor facilidad que la autoimagen.

La autoimagen se divide en tres secciones diferentes: por un lado la parte basada en cómo nos vemos nosotros mismos (autoconcepto), por cómo nos ven los demás (factor externo que puede afectar a nuestra autoestima) y por cómo interpretamos ambas situaciones internamente (personalidad del individuo).

Existe diferencia entre autoestima y autoconcepto

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El efecto pigmalión, o cómo lo que pensamos afecta a lo que nos pasa

El origen del efecto pigmalión está en la mitología griega, Pigmalión era un escultor que acabó enamorándose locamente de una de sus obras llamada Galatea. Tal fue el amor que le procesaba a su escultura que la diosa Afrodita la convirtió en una mujer de carne y hueso.

Este mismo argumento es el que siglos más tarde fue utilizado en el cuento infantil que a muchos os sonará llamado Pinocho, en el cual el muñeco de madera cobra vida gracias al amor de Gepeto. Este mito fue el origen del nombre del efecto pigmalión y representa muy bien la idea de las profecías autocumplidas.

Origen del efecto Pigmalión y sus efectos

 El efecto pigmalión, también conocido como las profecías autocumplida, puede describirse de forma rápida de esta manera: Lo que pensemos que va a pasarnos, inconscientemente haremos lo posible para amoldar la realidad a nuestra idea. Antes de empezar con los ejemplos, os explicaremos el origen de este nombre.

El origen del efecto pigmalión está en la mitología griega, Pigmalión era un escultor que acabó enamorándose locamente de una de sus obras llamada Galatea. Tal fue el amor que le procesaba a su escultura que la diosa Afrodita la convirtió en una mujer de carne y hueso. Este mismo argumento es el que siglos más tarde fue utilizado en el cuento infantil que a muchos os sonará llamado Pinocho, en el cual el muñeco de madera cobra vida gracias al amor de Gepeto. Este mito fue el origen del nombre del efecto pigmalión y representa muy bien la idea de las profecías autocumplidas.

 Experimentos sociales sobre profecías autocumplidas y el efecto pigmalión

El efecto pigmalión fue estudiado en un experimento de psicología social de la siguiente manera:

En una clase completamente normal y con una capacidad similar sin grandes diferencias entre sí y con el mismo objetivo de aprobar el curso, se le dijo al profesor que ciertos alumnos escogidos de manera aleatoria tenían una gran capacidad y un gran potencial para aprobar con éxito y buenas notas y cuales iban a ser malos estudiantes y tener malos resultados.

Como os imaginareis, a medida que el tiempo fue pasando las estimaciones que se le dieron al profesor de forma aleatoria fueron cumpliéndose. Aquellos alumnos que el creía que iban a ir bien, consiguieron buenos resultados mientras que los que iban a ir mal tuvieron resultados más pobres. Ha ocurrido el efecto pigmalión.

A aquellos alumnos de los que creía que tenían un mayor potencial les puso mayores desafíos intelectuales que a aquellos con menor potencial teórico. El preguntarles en clase y obligarlos a una mayor participación en la misma hizo que sus resultados fueran mejores sin haber de base una diferencia real entre un grupo de alumnos y otro.

En otro experimento diferente se le dijo al profesor que les dijera a los alumnos que la gente con el pelo moreno era más inteligente que los de pelo rubio según un estudio científico. Los resultados posteriores en dicha investigación dio como resultado ese resultado, los alumnos de pelo moreno mejoraron sus calificaciones mientras que los alumnos con el pelo rubio la bajaron.

Más adelante el mismo profesor les dijo que lo que les dijo había sido erróneo y que en realidad era al contrario, los alumnos de pelo rubio tenían mayor capacidad que los morenos. De nuevo, se dio una profecía autocumplida, los alumnos rubios mejoraron mientras que los morenos descendieron.

Como veis, el efecto pigmalión y las profecías autocumplidas no solo afectan positivamente para conseguir aquello que creemos que lograremos. Las profecías autorealizadas son un arma de doble filo y pueden actuar tanto para bien como para mal, es nuestra actitud la que determina cómo nos van a ir las cosas.
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El efecto pigmalión, o cómo lo que pensamos afecta a lo que nos pasa.

El origen del efecto pigmalión está en la mitología griega, Pigmalión era un escultor que acabó enamorándose locamente de una de sus obras llamada Galatea. Tal fue el amor que le procesaba a su escultura que la diosa Afrodita la convirtió en una mujer de carne y hueso.

Este mismo argumento es el que siglos más tarde fue utilizado en el cuento infantil que a muchos os sonará llamado Pinocho, en el cual el muñeco de madera cobra vida gracias al amor de Gepeto. Este mito fue el origen del nombre del efecto pigmalión y representa muy bien la idea de las profecías autocumplidas.

Origen del efecto Pigmalión y sus efectos

 El efecto pigmalión, también conocido como las profecías autocumplida, puede describirse de forma rápida de esta manera: Lo que pensemos que va a pasarnos, inconscientemente haremos lo posible para amoldar la realidad a nuestra idea. Antes de empezar con los ejemplos, os explicaremos el origen de este nombre.

El origen del efecto pigmalión está en la mitología griega, Pigmalión era un escultor que acabó enamorándose locamente de una de sus obras llamada Galatea. Tal fue el amor que le procesaba a su escultura que la diosa Afrodita la convirtió en una mujer de carne y hueso.

Este mismo argumento es el que siglos más tarde fue utilizado en el cuento infantil que a muchos os sonará llamado Pinocho, en el cual el muñeco de madera cobra vida gracias al amor de Gepeto. Este mito fue el origen del nombre del efecto pigmalión y representa muy bien la idea de las profecías autocumplidas.

 Experimentos sociales sobre profecías autocumplidas y el efecto pigmalión

El efecto pigmalión fue estudiado en un experimento de psicología social de la siguiente manera:

En una clase completamente normal y con una capacidad similar sin grandes diferencias entre sí y con el mismo objetivo de aprobar el curso, se le dijo al profesor que ciertos alumnos escogidos de manera aleatoria tenían una gran capacidad y un gran potencial para aprobar con éxito y buenas notas y cuales iban a ser malos estudiantes y tener malos resultados.

Como os imaginareis, a medida que el tiempo fue pasando las estimaciones que se le dieron al profesor de forma aleatoria fueron cumpliéndose. Aquellos alumnos que el creía que iban a ir bien, consiguieron buenos resultados mientras que los que iban a ir mal tuvieron resultados más pobres. Ha ocurrido el efecto pigmalión.

A aquellos alumnos de los que creía que tenían un mayor potencial les puso mayores desafíos intelectuales que a aquellos con menor potencial teórico. El preguntarles en clase y obligarlos a una mayor participación en la misma hizo que sus resultados fueran mejores sin haber de base una diferencia real entre un grupo de alumnos y otro.

En otro experimento diferente se le dijo al profesor que les dijera a los alumnos que la gente con el pelo moreno era más inteligente que los de pelo rubio según un estudio científico. Los resultados posteriores en dicha investigación dio como resultado ese resultado, los alumnos de pelo moreno mejoraron sus calificaciones mientras que los alumnos con el pelo rubio la bajaron.

Más adelante el mismo profesor les dijo que lo que les dijo había sido erróneo y que en realidad era al contrario, los alumnos de pelo rubio tenían mayor capacidad que los morenos. De nuevo, se dio una profecía autocumplida, los alumnos rubios mejoraron mientras que los morenos descendieron.

Como veis, el efecto pigmalión y las profecías autocumplidas no solo afectan positivamente para conseguir aquello que creemos que lograremos. Las profecías autorealizadas son un arma de doble filo y pueden actuar tanto para bien como para mal, es nuestra actitud la que determina cómo nos van a ir las cosas.
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