7 ideas equivocadas sobre la PSICOLOGÍA

Estos son 7 conceptos erróneos sobre la psicología. En estos últimos años, el cine, la televisión y las ideas resumidas han convertido a la psicología en un terreno dónde hay más mentiras que verdades. Nada extremadamente raro ya que en todas partes hay errores. Pero en el caso particular de la psicología hay más cantidad, y se creen ciertas hasta el extremo.

Mentira número 1: El perfil psicológico en la televisión.

El perfil psicológico de un criminal en las series de televisión parece ser una manera perfecta y rápida de atrapar a un criminal. Pero lo cierto es que encontrar el perfil psicológico de un criminal no sirve de mucho en la realidad. Pese a que realmente existen esos perfiles, para que sea fiable y real ese perfil psicológico se necesita una cantidad de información sobre la persona enorme, prácticamente imposible de obtener únicamente fijándote en la forma en la que mata. Algo que descubren fácilmente en las series.

Para que veas el problema, un asesino organizado puede ser desorganizado dependiendo de las circunstancias del asesinato, sucesos inesperados que le hagan cambiado todos sus planes y tener que improvisar, etc. No somos robots, es imposible predecir o capturar a un asesino utilizando una base psicológica tan sencilla.

Mentira número 2: A más recompensa, más motivación.

Este es un error que cree todo el mundo popularmente. Se piensa por ejemplo que para que un niño pequeño se coma el plato de verduras basta con premiarle después. De la misma forma que cuando entrenas a un perro, que por cada vez que te da la pata le das una recompensa.

Fácil, él hace una acción y le recompensamos y reforzamos su comportamientos continuamente. Funciona, por supuesto, pero no es el mejor método para reforzar un comportamiento.

Lo mejor para que se adapte un hábito usando el reforzamiento positivo son los premios aleatorios. Recompensando sólo en ocasiones dicho comportamiento. De otra manera, se crea un hábito de que siempre estará ese estímulo positivo presente, y si un día deja de premiarse, el hábito perdera fuerta ya que tiene asociado un refuerzo. Esa persona considerará injusto dejar de recibir ese premio ya que se ha acostumbrado a recibirlo siempre, lo que se vuelve contraproducente al final.

Mentira número 3: El síndrome de Tourette.

Existe un gran mal entendimiento de esta enfermedad. Se ha generado la creencia de que todas las personas con este síndrome les da por insultar descontroladamente. En gran parte por representaciones como la chica que aparece en la película “el gigoló” y muchas otras. El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico en el que se observa en el cuerpo temblores o espasmos y rara vez provoca los populares impulsos de insultar. Aunque puede darse, no es lo habitual lejos de lo que pueda parecer.

Mentira número 4: La crisis de los 30.

Se acepta popularmente que cuando se está rondando la treintena, se entra en una crisis existencial. Siendo lo normal pasar a deprimirte pensando que sus mejores años ya no están. Lo cierto es que llegar a los 30 no provoca ninguna crisis. Ni a los 40 a los 50. No existe ninguna edad específica para esa crisis.

Aunque es cierto que se da en algún momento, son crisis existenciales en el sentido de que nos planteamos qué queremos hacer con nuestra vida. Son momentos que se convierten en cambios de rumbo y prioridades, y pueden darse en cualquier edad. Es una crisis vital, que depende de las circunstancias de cada persona, y no de la edad que se tenga.

Mentira número 5: Los polígrafos.

Una visión que a través de los años se ha tratado de encontrar un método con el que poder saber si una persona miente. Y poco a poco han ido probando y añadiendo formas, los detectores de mentiras. Estos detectores junto con la lectura del lenguaje corporal parecen los métodos más populares. Basta con enchufar a alguien a esta máquina y medir su nivel de estrés, su ritmo cardíaco, sudoración, etcétera.

Tu nivel de ansiedad puede originarse por muchos motivos, no únicamente por el mero hecho de mentir. Sino, por ejemplo, por estar sentado frente a una persona que presupone que estás mintiendo y tener miedo a que la máquina diga lo contrario.

En el lenguaje corporal es un tema más complejo. Como siempre he dicho, soy un “defensor” de leer el lenguaje corporal de las personas con las que interactuamos. Pero siempre considerando obligatoriamente el contexto de cada gesto, y teniendo en cuenta el resto de gestos verbales y no verbales para sacar una idea.

No puedes tampoco pensar que el lenguaje corporal te va a decir la verdad siempre, hay que interpretarlo, y leer microgestos suele ser complicado hasta que tienes cierto entrenamiento en ello. Por lo que es mentira que puedas saber si alguien miente o no de primeras basándote sólo en si tiene los brazos cruzados o se toca la oreja.

Mentira número 6: El efecto de la luna llena.

Seguramente escucharas alguna vez que en los momentos de luna llena la gente parece ponerse más agresiva y todo se vuelve más extraño. Es a raíz de esta creencia que se forjó el término de “lunáticos“. La creencia es que la luna llena puede provocar que la gente se vuelva más violenta, hay más agresividad en las calles y las enfermeras que los pacientes empeoran más en esas noches.

Puedes estar tranquilo, ni hay registro de más problemas en los hospitales esas noches en comparación con cualquier otra, ni existe un fenómeno que aumente la agresividad de la gente en esos momentos. No hay NADA que diferencie esa noche de las demás, salvo que se ve mejor por la claridad de la luna si el cielo está sin nubes.

 

Mentira número 7: Los polos opuestos se atraen

No somos imanes. La gente se siente atraída por personas similares a ellas. Pueden tener sus diferencias y pensar diferente, pero en los puntos vitales y esenciales para ambas personas, estarán de acuerdo y lo verán de la misma manera. Pensar de manera opuesta en temas importantes, impide que las relaciones funcionen por el simple hecho de que se buscan cosas diferentes.

Las personas preferimos gente con rasgos similares a los suyos, sobre todo si eran rasgos cómo ser extrovertido, pulcro y amable. ¿Te imaginas a una persona obsesionada con tener la casa limpia sin una mota de polvo, junto a otra que le guste tener la casa descolocada y llene el suelo de barro seco porque no lo quiere limpiar aunque lo ensucie? ¿Crees que seria una relación sana y feliz?

Puede pasar que dos personas tengan rasgos de personalidad que se complementen. Eso sí. Pero eso no es ser lo opuesto. Por ejemplo, una persona egocéntrica puede que le guste alguien discreto o discreta para que no le robe protagonismo. Obviamente esto es simplificarlo al extremo a fin de dar sólo un ejemplo.

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